Paz, guerra y periodismo

El proceso de negociaciones de La Habana parece una caja negra. Las conversaciones son secretas y nada se filtra. Tienen lugar lejos, en Cuba, y hablar con sus protagonistas es privilegio de los pocos medios con recursos. Los negociadores del gobierno no dan entrevistas. Los de las Farc son selectivos. Todo, pues, parece conspirar contra una adecuada cobertura del proceso más importante por el que haya pasado Colombia en una generación, en especial para el periodismo regional.

La verdad, sin embargo, es todo lo contrario. El proceso de La Habana produce una avalancha de información. El problema para los periodistas es procesarla. Es decir, cómo cumplir con la principal función social del oficio periodístico: convertir temas complejos en piezas atractivas, sencillas y aterrizadas al contexto local, que informen y aporten una dosis de oxigenada serenidad y racionalidad al debate público envenenado y pasional, característico de la Colombia de hoy.

Este blog está dedicado a eso.