Televisión y conflicto

Carlos Julio Betancur Uribe

Periodista-Documentalista

Tutor del taller Periodismo, paz y regiones para periodistas de televisión

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El oficio periodístico en las regiones será vital para entender los conflictos que se están negociando. Colombia, continuará siendo sin embargo, escenario de vida y muerte. De guerra y paz.

La víctimas deberán ser la fuerza vital de las historias. Hoy las tenemos en todos y en los más hermosos y violentos rincones de Colombia. En las regiones abandonadas en el olvido y hoy, lugares definitivos para que en este país no nos sigamos saludando y despidiendo,  a balazos.

Los periodistas de televisión, los documentalistas y en general todos los que hacemos historias y noticias de carácter audiovisual, estamos en la obligación de posicionar la cámara como herramienta de pedagogía y memoria; memoria que hoy tiene grandes plataformas de difusión

La memoria regional, las luchas y los ejemplos de reconciliación, resistencia y ejecución estatal en los nuevos espacios y escenarios de convivencia, así como los nuevos roles de las víctimas y de los desmovilizados, serán parte integral y cotidiana de las nuevas historias en un eventual posconflicto.

Debemos tener claro que llegarán nuevos actores, reacciones y nuevas violencias por el asentamiento de los protagonistas de antiguos, actuales y nuevos conflictos. La firma no es La Paz. Muchos llegarán a pescar en río revuelto.

El trabajo “sin cámara” será fundamental. Los silencios y temores en IN se acentuarán, mientras -a través del OFF-, se edificarán confianzas y contenidos. Será la búsqueda y entrega de honestidad, humildad y respeto frente a las decisiones de registro y divulgación.

Se multiplicarán los sentidos de la información y esto será básico para crear y fortalecer la dimensión humana que se le debe dar a ésta; fuera del hecho noticioso, se deben producir y proponer nuevas miradas informativas basadas en la crónica, en las series y en los documentales.

Para los que envíen material como corresponsales, sus editores deberán servir de apoyo, guía y complemento. Y no es fácil.

Hay que luchar, defender, argumentar y documentar los contenidos y los tiempos de las historias que se propongan y envíen.

Darles sustento y razones claras de producción y realización.

Las nuevas narrativas estarán soportadas en temas de reivindicación, justicia, reparación, arte y cultura. Verdad y memoria.

Las agendas, acuerdos y pactos generados por el proceso de paz, deberán expresarse y trasladarse al ámbito audiovisual de las regiones.

El manejo íntimo del riesgo, seguirá de la mano de la vulnerabilidad de nuestras cabezas y del oficio en los confines de nuestras regiones.

En el eventual posconflicto deberá ampliarse el espectro de las voces que van a conformar nuestras historias.

Las amenazas continuarán siendo para todos. Víctimas de la guerra y de la paz, desmovilizados, nuevos actores. Periodistas.

Hoy, el periodismo televisivo, el de noticiero principalmente, está en deuda. No da respiro ni apertura a la reflexión ni al ensayo audiovisual. Apabulla.

El país necesita que le cuenten, que le narren audiovisualmente el conflicto con sus protagonistas en los eventuales nuevos escenarios, ojalá de vida y paz.