Propuestas para contar la paz desde la radio

Hace muchos años encontré en el “Manual Urgente para Radialistas”, de José Ignacio López Vigil, este fragmento que me supo explicar el enorme potencial del mundo sonoro: “El oído es la mitad del poeta y acepta las fantasías que los otros sentidos rechazan. Cierre los ojos sin miedo: los oídos no tienen párpados y la radio mantiene abiertos los ojos de la mente”. Con el tiempo aprendí que también da la posibilidad de llegar al corazón.

Quienes hemos tenido la fortuna de estar tras un micrófono o acompañando procesos de aprendizaje con radialistas, deberíamos recordar que nuestra mayor promesa es la oportunidad que tenemos de contribuir a la transformación de los imaginarios sociales a través del uso del lenguaje. Las palabras construyen, desarman, motivan, tienden puentes o provocan todo lo contrario. Estamos frente a un momento histórico que nos pide a gritos no perderlo de vista si es que de verdad queremos hacerle un corte a esta realidad y pasar las miles de páginas sangrientas que se han escrito para el conflicto. Requerimos de voces comprometidas con esta transformación social y oídos dispuestos a escuchar.

La pregunta concreta sería: ¿Cómo hacerlo cotidianamente desde la radio? Recientemente en el Encuentro Nacional de Radio Comunitaria “Contamos para la Paz”, organizado por la Oficina del Alto Comisionado para la Paz y la red Resander, José Ignacio López, invitado especial, entregó algunas pistas que podrían llevarnos a la respuesta. En su intervención, habló sobre cuatro propuestas radiofónicas que pueden contribuir a fomentar una cultura de paz para la transformación social: frente a la polarización, la inclusión. Frente al miedo, el humor. Frente a la impotencia, la utilidad y frente al escepticismo, la esperanza.

La comunicación local cobra mayor vigencia en esta tesis de contribuir a la transformación social de los territorios desde el lenguaje. Más de seiscientos municipios colombianos cuentan con una radio comunitaria cuya naturaleza las obliga a fomentar el diálogo público y narrar la vida cotidiana de sus pobladores. Esto implica incluir todas las voces, principalmente las historias de vida de las víctimas con un fuerte énfasis en las mujeres, que hemos tenido que cargar el mayor peso de la guerra.

El humor, como herramienta para contrarrestar el miedo y la tristeza, asintió José Ignacio. El humor como opción para la resistencia y la resiliencia; el humor, para contar la vida desde las esquinas, desde los distintos espacios públicos urbanos y rurales. Nadie escucha o prende la radio para aburrirse, menos para entristecerse.

Frente al sentimiento de impotencia, radios útiles. Radios interesadas en ser mediadoras de los conflictos sociales. Radios dispuestas a ser escenario y canal para la búsqueda de soluciones a los problemas que desvelan a sus audiencias.

Y, por último, frente al escepticismo, la esperanza. Narrar la vida contribuye a generar identidad, conexión, comunidad y solidaridad colectiva con historias personales. Narrar para hacer catarsis, sí, pero también para alivianar el alma, ganar en dignidad y caminar hacia adelante y reconstruir lo desecho.

Es bueno decir que, aunque en distintos escenarios, también en el taller “Periodismo, Paz y Regiones”, realizado en Cartagena para periodistas de emisoras comerciales y comunitarias que informan desde las regiones, surgieron preguntas como la que dio vida a este texto. El trabajo periodístico en el territorio, y sus riesgos, no distingue entre comerciales, comunitarios o públicos.

Es mucho lo que se puede hacer desde la comunicación local en los territorios colombianos. Desde mi experiencia como radialista, digo que la apuesta histórica nos invita a trabajar en ello: a priorizar los relatos de la esperanza, la verdad, la reparación y la justicia. A mostrar cómo, a pesar de llevar más de cincuenta años en guerra, también llevamos el mismo tiempo inventando maneras de salirle al paso a la desesperanza de la guerra, porque la paz también es un asunto de contarla con creatividad, tal como lo hemos intentado en las últimas décadas, en Colombia.