“Uno le pide a un periodista que sea un sujeto ético”. Lucía González

Entrevista con Lucía Gonzalez, directora de la Museo Casa de la Memoria de Medellín.

En un país como Colombia, en una ciudad como Medellín, que durante tanto tiempo ha convivido y sufrido con las consecuencias de la violencia, ¿cómo se consigue que la ciudadanía se acerque al Museo?

Hacemos un esfuerzo inmenso por acercar la población que por años no quiso ver, entender y comprometerse a una realidad que requiere ser comprendida para salir de perla. Este es nuestro argumento. Hemos dicho que “Son relatos para construir paz”, es decir, hablamos desde la pedagogía de la esperanza. Decimos que hacemos memoria para construir un futuro mejor; no solo para dolernos. Y contamos con el apoyo de las organizaciones sociales y de víctimas, con los maestros y con nuestras redes sociales para convocar, mientras a este propósito se unen de manera decidida los medios masivos.

 

¿Cómo hacer para que no sientan que están enfrentándose al capítulo más oscuro y triste de su historia?

Justo se trata de eso, de que se enfrenten al capítulo más triste de una historia que aún no termina. Y sobre el que es necesario hacer absoluta conciencia para poderlo superar, para encontrar las razones de la guerra y por tanto las salidas, que tienen que ver con todos nosotros, con nuestra cultura, con la manera en la que nos relacionamos con los otros, con el Estado, con el orden y con la ley. Con el acumulado de creencias que tenemos, con las paradigmas que nos rigen. Con el modelo político y económico que construimos y sostenemos. Hacerlo de nuestra mano, con el apoyo de los dispositivos que hemos diseñado para ello, ha de garantizar que no produzca más odios, ni más rechazo, sino que por el contrario, conmueva y movilice. Es decir, anime a una acción propositiva.

¿Qué debe saber o tener en cuenta un periodista que cubre el proceso de paz, que también ha convivido con el conflicto y puede tener posicionamientos muy  personales?

Pensar que el periodismo es o ha de ser objetivo es una falacia. Ninguno de nosotros puede ser ante este horror un sujeto neutral. Se trata de tener posiciones, por supuesto, pero corresponde a un periodista en primer lugar estar suficientemente ilustrado y sobre todo, ilustrado desde muchos lugares, y actuar de manera que lo que se movilice en el otro sea lo mejor de sí, lo que le permite actuar en función del bien común, de lo que conviene a todos de igual manera. Es decir, que su posición sea racional, sólida y amorosa. Capaz de develar la realidad pero de alejar el odio. Uno le pide a un periodista que sea un sujeto político, pero que sea también y sobre todo, un sujeto ético. No hacen daño las opiniones contrarias sino aquellas que nacen del odio o del interés individual.

 

¿Cuál es el desafío a la hora de incluir a todas las víctimas en el relato general de la historia de la violencia?  ¿Cómo evitar caer en la parcialidad?

Colombia tiene ante sí una de las más bellas oportunidades de su historia, porque empieza a construir su propia historia desde múltiples voces y no desde la Historia con H mayúscula, siempre oficial, escrita por los vencedores, sino desde las memorias, en plural, escrita por las personas ante que por los historiadores.

Colombia no ha construido un relato incluyente de nación, uno que represente a todos en sus diferencias, y que por lo tanto los convoque a hacerse corresponsable de esa nación. Cuando hablamos de la voz de las víctimas, y también de los victimarios, y de quienes han estado a su alrededor, estamos hablando de la voz de quienes por años han sido invisibilizados, de quienes habitan los bordes olvidados de esta patria, quienes hasta ahora no tienen un lugar en la historia. Empieza a emerger un relato trágico con su presencia, pero también un relato épico, de sus existencias en medio de la nada, de su capacidad de resistir y re-existir, y del valor que nos dan para enfrentar este ejercicio de reconciliación que requiere el país para aprender a vivir en paz con nosotros mismos, con los otros.

Las memorias, plurales, polifónicas no se parcializan. Son. Son vivencia y sentimiento. No prometen ser verdad. Por eso preferimos en estos tiempos las voces en primera persona de quienes han vivido esta historia y luego, que lleguen los historiadores.

 ¿Qué papel cumplirá el Museo en un eventual escenario de posconflicto?¿Cambiará su papel?

Ya este es un escenario de posconflicto. El Museo fue pensado no como un lugar de la memoria pasada, y estática, sino como un lugar que interpela el pasado para construir un futuro. La presencia de las negociaciones anima y activa nuestra agenda. Pone el tema de la construcción local de la paz en la agenda pública, y hace que tengamos que abrir más espacios a las propuestas, a la deliberación, a la escucha, y que tengamos que estar más atentos, más proactivos, porque en nuestra visión está el propósito de ser un escenario relevante en la construcción de la paz. Pero también hemos dicho, con negociación del fin del conflicto o sin ella, tenemos la obligación moral y política de empeñarnos en la construcción de una sociedad que diga a la violencia: Basta Ya!; que sea capaz de convivir de manera armónica con el otro, con lo otro. Entendemos esta como una tarea civilizatoria urgente.

 

¿Qué recursos puede encontrar un periodista que cubre el proceso de paz en el Museo Casa de la Memoria de Medellín que le sirva para desempeñar mejor su trabajo?

Dispositivos museales que le permiten, desde la sala central , comprender de manera general un panorama de la guerra que ha vivido el país en más de medio siglo. Con elementos que permiten ser revisados de manera más lenta, como la línea de tiempo que relaciona los actos de guerra y del conflicto entre Medellín, Antioquia, Colombia y el mundo, o testimonios de seres desde muchas esquinas de la patria, con sus diversas vivencias de la guerra.

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